He escrito 1000 palabras con Freewrite y ni siquiera tengo una

Hace unos días llegó a mi casilla de correo electrónico un mensaje que indicaba que había completado mis primeras 1000 palabras en mi Freewrite. Esto me llenó de sorpresa, no tanto porque no sea capaz de escribir tal cantidad de palabras de un tirón, sino porque yo no tengo un equipo de ese tipo.



Freewrite es una máquina de escribir inteligente que hace varias promesas a sus usuarios. Por ejemplo, escribir sin distracciones y permitir almacenar sus obras en servicios en la nube como Dropbox o Google Drive.
Es un desarrollo de una firma llamada Astrohaus, que tardó en salir al mercado mucho tiempo. Tanto, que hasta cambió de nombre durante el mismo.
En un principio se llamaba Hemingwrite en homenaje al autor de “El viejo y el mar”. Luego, y no se por qué, pasó a ser Freewrite y a comercializarse por nada más y nada menos que 500 dólares.
Una de las características de este producto es que permite escribir, con un teclado mecánico que no tiene las típicas teclas de navegación que traen los teclados de computadora. Esto quiere decir que hay pocas posibilidades de edición en la misma máquina. Se pueden borrar palabras, eso sí.
Desde un inicio se aclara que Freewrite solamente permite escribir borradores, dejando la edición final para después.
En cuanto a la escritura sin distracciones, lo que lo permite es que la máquina solamente sirve para escribir. Lo que ocurre con otros dispositivos, como notebooks, tablets y smartphones es que hay ciertos programas o aplicaciones que pueden molestar al escritor. Desde un simple mensaje de whatsapp hasta la notificación de llegada de un correo electrónico, pueden molestar cortar la inspiración del redactor.
La Freewrite es portátil. Cuenta con una batería que promete 15 horas de trabajo sin pausa. La clave es la pantalla de tinta electrónica, que tiene un consumo muy bajo de energía.
En cuanto al sistema operativo, es propietario, y además de controlar el equipo, también permite subir los escritos al momento, a la nube.
Para lograr esto, el escritor debe gestionar una cuenta en un servicio llamado PostBox, el enlaza con las cuentas de Dropbox o Dropbox, por ejemplo. Se puede elegir la fuente y el formato en el que se almacenará la información escrita. También existe la posibilidad de enviar el documento por correo electrónico.
PostBox es la razón por la cual Astrohaus ha pensado que yo tengo una Freewrite, cuando realmente estoy muy lejos de hacerlo, por razones económicas y geográficas.
Hace una semanas, la misma firma presentó una aplicación web llamada Sprinter, que sirve para tratar de compartir la experiencia de la escritura sin distracciones.
Es muy sencilla. Al igual que la Freewrite, anula la posibilidad de usar las teclas de navegación, y lo que se escriba, se puede guardar en los servicios en la nube. También hay un cronómetro que da cuenta del tiempo que se ha estado escribiendo. La meta es de 15 minutos, pero luego de cumplido el plazo, se puede continuar.
El enlace con la nube se hace con PostBox. Con una cuenta de este servicio, a la que se accede de manera gratuita, también se gana la posibilidad de participar en el programa de recompensas de Astrohaus.
La firma no premia a nadie por escribir, sino que otorga bonificaciones a aquellos usuarios que le consigan más compradores. Si se logran “colocar” 10 Freewrite, la bonificación en dólares es equivalente a un equipo.
Calculo que Astrohaus ha permitido a más usuarios compartir una experiencia semejante a la Freewrite para tratar de conseguir más clientes o para promocionarse.
Lo curioso es que la firma no sepa diferencias entre los que usan una Freewrite y los que escriben con Sprinter.
En Internet, las críticas de Freewrite son mixtas. Hay gente que se siente molesta por pagar tanto dinero por una máquina que no permite editar los documentos en sí misma sino que hay que volver a abrirlos en los mencionados servicios on line. Otras personas agradecen la experiencia y se reconocen fanáticos.
Lo cierto es que la firma creadora reconoce que la idea de Freewrite es liberar la escritura de todas las ataduras y permitir que la gente elabore sus textos de manera creativa, sin tener que pensar demasiado en la edición.
Es contradictorio que en un tiempo donde la tecnología ha llegado a un punto muy sofisticado de desarrollo, una máquina de escribir que se dice inteligente, no deje editar los documentos. Y más, por lo que cuesta. No obstante, hay que reconocer que la Freewrite no es para cualquiera, sino para escritores, lo mismo que Sprinter.
En mi caso particular, he escrito este post en Sprinter. Ha resultado ser muy cómodo.
Solamente me gustaría tener una Freewrite para poder escribir en cualquier lugar, sin tener que esperar los tiempos de inicio de una computadora o una notebook con Windows.
Intenté usar Sprinter en el navegador de mi celular, pero tuve problemas con la sincronización con PostBox. Sin embargo, rescato que la posibilidad de contar con el corrector del teclado GBoard de Google es algo que facilita el proceso de escritura digital.
Por lo demás, tal vez Freewrite sea el inicio de algo más, de un mercado de máquinas de escribir inteligente que tengan más funciones, pero sin romper la promesa de ofrecer la posibilidad de redactar documentos sin distracciones.
Y de esta manera, he sumado cerca de 870 palabras a mi cuenta.

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